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 En el nombre de San Marcelino

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Localización : Guatemala

MensajeTema: En el nombre de San Marcelino   Jue Jul 24, 2008 8:03 am

Hermanos y Seglares,
juntos en la misión,
en la Iglesia y en el mundo

En el nombre de Marcelino Champagnat

31. Dondequiera que encontraba a personas dedicadas a la formación cristiana de la juventud, Marcelino les apoyaba y les infundía ánimos. Desde aquellos tiempos de La Valla y El Hermitage,muchos hombres y mujeres, Hermanos y seglares, se han sentido atraídos por su personalidad y carisma, identificando su vocación con esta manera de continuar la misión de Jesús.

32. Cuando el H. Charles Howard, Superior General, dio la bienvenida a los seglares en el Capítulo de 1993, les agradeció personalmente su acercamiento a los Hermanos y su contribución a la misión marista. Pero fue más allá, instándonos a dar respuesta renovada de “cómo seguimos un mismo camino de amor, esperanza y servicio, juntos en el Espíritu”. Los seglares contestaron a esto diciendo: “Procedemos de experiencias y culturas muy diferentes, pero cada uno de nosotros ha sido tocado de manera única por el espíritu de Marcelino Champagnat”.

33. Estas palabras se dirigen a todos nosotros, ya seamos Hermanos, educadores seglares, animadores juveniles, o cualquiera de los que trabajamos juntos en los diversos proyectos maristas: padres, sacerdotes colaboradores, miembros del Movimiento Champagnat de la Familia Marista y grupos similares. Cada uno puede reclamar para sí el sueño de Marcelino. Estamos en una misión compartida.

Un pueblo, un espíritu, muchos dones

34. La raíz de lo que entendemos por misión compartida, y por lo tanto, de sus expresiones concretas en nuestra labor, se encuentra en la forma en que la Iglesia se comprende a sí misma hoy como comunión misionera. En las palabras de Jesús en La Última Cena, “A vosotros os llamo amigos”, escuchamos enseguida una llamada a la unidad. Inspirados por tales imágenes, nos sentimos invitados como cristianos a vivir un mismo Bautismo y una misión común.

35. Inspirados por el único Espíritu de Dios, los cristianos y los que profesan otra fe, nos sentimos unidos en torno a un depósito común de valores en los que se fundamenta nuestra visión educativa y su puesta en práctica: el respeto a la dignidad de la persona, honradez, justicia, solidaridad, paz, sentido de trascendencia. Juntos ponemos esfuerzo y entrega para proporcionar a los jóvenes que nos han sido encomendados los medios necesarios para que adquieran una vida plena, incluyendo el crecimiento en la fe y la participación responsable en la sociedad.

Nuestro carisma

36. La historia de Marcelino es un ejemplo del poder renovador de la acción de Dios en la historia de los hombres. Creemos que recibió un carisma, un don espiritual único, dado a través de él a toda la Iglesia en servicio a la Humanidad. Fue inspirado por el Espíritu Santo para descubrir una nueva forma de vivir el Evangelio como respuesta concreta a las necesidades espirituales y sociales de los jóvenes en un tiempo de crisis. Nosotros vemos confirmada la vigencia de este carisma en la fuerza con que ha venido inspirando a generaciones de discípulos, incluyendo la nuestra.

37. El carisma marista que hemos heredado de Marcelino nos hace vivir el amor que Jesús y María tienen a cada uno personalmente, nos lleva a sentirnos receptivos y sensibles ante las necesidades de nuestro tiempo, y a profesar un sincero amor a los jóvenes, especialmente a los que más lo necesitan.

38. Los que compartimos la misión marista estamos invitados a comprometernos libre y generosamente con el mismo carisma, ya sea en calidad de religiosos consagrados, o como seglares célibes o casados, cualquiera que sea nuestra situación o cultura. Vivimos el carisma de maneras diferentes pero complementarias. Juntos somos testigos de una unidad de historia, de espiritualidad, confianza mutua y empeño común.

39. Los que somos Seglares ofrecemos nuestras propias cualidades individuales así como los frutos de nuestro compromiso personal, nuestra profesionalidad y la experiencia que tenemos de las circunstancias ordinarias de la vida familiar y social. Como cristianos, testimoniamos a través de nuestras vidas personales la posibilidad de encontrar en Jesucristo el significado último de la vida y de vivir según el Evangelio.

40. Los que somos Hermanos, además de brindar nuestras cualidades personales, contribuimos con los dones que provienen del carácter profético de nuestras vidas de consagrados: nuestro testimonio religioso, nuestra rica formación en el carisma de Champagnat, el sentido de acogida de nuestras comunidades, y nuestro patrimonio humano y material. Aportamos nuestra disponibilidad para dedicarnos plenamente y con audacia a la tarea apostólica, y para ir donde sea necesario.

41. Nos inspiramos unos a otros para crecer en fidelidad al carisma, descubriendo nuevos aspectos en su riqueza espiritual y en su dinamismo para el apostolado. Las mujeres que están entre nosotros aportan una perspectiva nueva y facetas distintas del carisma de Marcelino y lo que significa para nosotros hoy.

Trabajamos juntos

42. En nuestras tareas, intentamos crear un ambiente donde cada uno se sienta respetado y corresponsable. Además, creamos entre nosotros un clima de compañerismo, ayudándonos unos a otros y ofreciéndonos apoyo y ánimo mutuamente.

43. Estas actitudes son importantes también cuando, en nuestras escuelas o en otros servicios, tenemos que afrontar y resolver las tensiones que pueden surgir y que nos conciernen, como por ejemplo, en cuestiones de salarios y condiciones de trabajo. Tratamos de aprovechar esas circunstancias para crecer en sensibilidad hacia los demás a través del diálogo. Cuando nos corresponde actuar como titulares, o dentro de organizaciones patronales, tenemos que guiarnos tanto por los principios de imparcialidad, justicia y transparencia, como por nuestro propio sentido de misión.

44. Sabemos que en las relaciones interpersonales y de grupo podemos cometer errores, y herir sensibilidades, y pueden surgir malentendidos y diferencias profesionales. Pero nos veremos ayudados en nuestra entrega, y ayudaremos a los que servimos, si acertamos a manifestarnos de cuando en cuando el perdón mutuo.

45. Nuestro sentido de misión compartida se extiende de manera particular a los padres, respetando su “deber primordial” de educar a los hijos. Inspirados en el proceder de Marcelino los recibimos con amabilidad, les escuchamos y “trabajamos junto con ellos”. Es un proceso de reciprocidad: nos ayudamos unos a otros a conocer y a orientar mejor la situación concreta y las necesidades educativas de sus hijos.

46. Para Marcelino era fundamental que las obras maristas estuvieran integradas en la pastoral de conjunto de la Iglesia local. Este espíritu inspira hoy nuestra relación con las parroquias y las diócesis, al igual que nuestro deseo de compartir el don de nuestro carisma.

Una responsabilidad compartida

47. Todos compartimos un interés común por el éxito de nuestro trabajo y nos sentimos corresponsables con los que están en puestos de responsabilidad para planificar, animar y evaluar nuestra labor. Los que ejercen tareas directivas fomentan esa corresponsabilidad distribuyendo el trabajo y estableciendo estructuras para coordinar nuestros esfuerzos y asegurar una amplia participación en la toma de decisiones.

48. Nuestro sentido de responsabilidad e interés compartido se manifiesta también a escala Provincial, a través de reuniones especiales, asambleas y comisiones apropiadas. Juntos celebramos nuestra comunión como Maristas, y en la fe y en la esperanza identificamos aspectos de nuestra misión Provincial en la que estamos llamados a crecer.

49. Nuestros responsables Provinciales articulan planes prácticos y estructuras para incluir a los Seglares en la gestión financiera y la dirección de las obras Maristas, bien sean propias o nos hayan sido encomendadas por parroquias o diócesis. En ambas circunstancias, tanto el Instituto como la autoridad eclesiástica se inspiran en el derecho canónico y civil.

50. Donde sea posible, incluimos dentro de nuestra red de obras maristas a aquellas instituciones en las que los Hermanos ya no están presentes de forma activa. Promovemos la colaboración, y ofrecemos actividades que aporten a los jóvenes a los que servimos la experiencia de ser parte de la Familia Marista.

51. En unión con los responsables maristas en ámbitos provinciales, interprovinciales y regionales, procuramos:

 fomentar nuestro crecimiento en identidad marista a través de planes de formación que reúnan a Hermanos y Seglares, y mediante retiros y publicaciones. Nos centramos especialmente en la figura de Marcelino Champagnat, su herencia educativa, su espíritu y su carisma;

 preparar a los responsables maristas por medio de una formación permanente en pedagogía, dirección educativa y gestión, así como en espiritualidad, evangelización de los jóvenes, justicia y solidaridad;

 impulsar organizaciones como el Movimiento Champagnat de la Familia Marista y otros grupos Champagnat, que proporcionan un marco adecuado para ayudar a sus miembros a vivir la espiritualidad y la misión marista.


Una señal del Reino de Dios

52. Nuestra manera de compartir la misión en un espíritu de comunión auténtica es en sí misma un signo de la Buena Noticia para nuestra Iglesia, nuestro mundo y para los jóvenes a los que servimos. Juntos buscamos ser creativamente fieles al carisma de Marcelino Champagnat, y sensibles a los signos de los tiempos observados a la luz del Evangelio.

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