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 En otros campos educativos

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MensajeTema: En otros campos educativos   Jue Jul 24, 2008 8:12 am

Nos acercamos a los jóvenes

167. En el centro del carisma de Marcelino está la búsqueda constante de caminos apropiados para llegar a los jóvenes. Su ejemplo inspira la creatividad de nuestras ideas y nuestra fuerza como apóstoles maristas. Tratamos de ser el rostro humano de Jesús entre los jóvenes allí donde se encuentran.

168. Marcelino reunía a los niños en sus clases de catecismo. Salía a las aldeas y enviaba también a los Hermanos. Sentía especial preocupación por los pobres y los huérfanos, acogiéndolos en La Valla y El Hermitage, y haciendo todo lo posible por su bienestar y educación.

169. Impulsados por las necesidades apremiantes y las aspiraciones de los jóvenes de hoy, especialmente los más desfavorecidos y necesitados, tratamos de multiplicar nuestras formas de acercarnos a sus vidas y a su mundo. Con espíritu misionero mantenemos una actitud abierta hacia todos los jóvenes sea cual sea la fe que profesen. Sabemos que no podemos recorrer el mismo camino con cada uno de ellos en nuestra tarea de evangelización.

170. Adoptamos una visión integral en todos los campos de nuestra misión. Como hermanos y hermanas para los jóvenes nos preocupa su bienestar total. Les acompañamos en sus relaciones con los demás, con el mundo y con Dios.

171. Nuestro peculiar estilo marista caracteriza todos nuestros proyectos y actividades. Estamos convencidos del valor educativo que conlleva establecer una buena relación entre nosotros y los jóvenes, y de la importancia de que se sientan cómodos con nuestra presencia. Estamos convencidos, igualmente, del valor del trabajo y de realizarlo juntos, especialmente en las situaciones en que los jóvenes son propensos a rendirse o a adoptar una actitud pasiva. Estos valores adquieren especial importancia cuando trabajamos de manera no estructurada fuera del contexto educativo formal. Nosotros comenzamos desde donde ellos están.

Allí donde están

172. Buscamos oportunidades para estar presentes allí donde se reúnen los jóvenes en su tiempo libre, por ejemplo en los deportes, lugares de ocio, actividades artísticas y culturales en el barrio o en la parroquia, acampadas, y movimientos como los Scouts. Si es necesario ayudamos a organizar esas actividades después de las clases, en el fin de semana, o durante las vacaciones. Ponemos particular empeño en hacernos presentes como agentes de pastoral entre los jóvenes desatendidos, por ejemplo en la calle, en los suburbios, y en los centros de reclusión.

173. En colaboración con la Iglesia, con las instancias municipales, organizaciones no gubernamentales o departamentos de juventud del gobierno, o por propia iniciativa nuestra, abrimos centros de recreación y deporte, instalaciones donde los jóvenes puedan reunirse y manifestar su talento creativo. En las zonas más necesitadas, promovemos centros de estudio, bibliotecas y albergues estudiantiles.

174. En los grupos impulsamos la expansión natural de los jóvenes, acompañando su creatividad, ayudándoles a ser respetuosos entre ellos. Con delicadeza tratamos de iniciar un diálogo acerca de sus preocupaciones personales y familiares. Les ponemos en contacto con otros servicios y programas existentes en la localidad, o con los que nosotros mismos organizamos.

175. Intentamos desarrollar la conciencia crítica de los jóvenes hacia los valores de su mundo, de su cultura popular tan influenciada por los medios, especialmente la música y el ocio, y por las relaciones con sus compañeros. A través de nuestra interacción con ellos, incluso promoviendo espacios en los medios de comunicación especialmente dirigidos a ellos, fomentamos los valores sociales armonizando fe, cultura y vida con un lenguaje que ellos entienden.

176. Buscamos espacios para la convivencia y promovemos proyectos solidarios comunes entre jóvenes de diferentes clases sociales, culturas y estilos de vida. Intentamos desarrollar así su apertura hacia los otros e iniciarles en el hábito de compartir su tiempo, su talento y sus capacidades al servicio de los demás.

177. Incluso en las circunstancias en que no es posible o apropiado hablar directamente de Jesús y del Evangelio, o donde los mismos jóvenes muestran poca inclinación hacia las cuestiones religiosas, nosotros atendemos su espiritualidad. Les ayudamos a descubrir el sentido de su vida, a reflexionar acerca de los valores trascendentes, y les invitamos a seguir avanzando en el camino de la fe.

178. Trabajar con jóvenes en estas labores de apostolado exige de nosotros equilibrio personal y madurez, discernimiento, creatividad, sentido del humor, paciencia, flexibilidad, saber escuchar y mucha fe. Tenemos que estar deseosos de pasar el tiempo necesario con ellos para ganar su confianza, sin imponernos, pero asegurando que sean responsables en sus actividades.

Por medio de acciones de crecimiento en la fe

179. Para aquellos que desean profundizar en su fe y en su pertenencia a la Iglesia, buscamos momentos más intensos de experiencia de oración y de comunidad cristiana, y les ofrecemos la posibilidad de participar en actividades apostólicas, ya sean organizadas por nosotros, o propios de la Iglesia local. Velamos para que en la Iglesia local los jóvenes sean acogidos, escuchados, y puedan tomar iniciativas. Establecemos centros destinados a esta misión, ya sea bajo nuestra iniciativa o bien en servicio a una acción pastoral más amplia de Iglesia.

180. Adaptamos nuestra labor pastoral a la edad, carácter, y circunstancias de los grupos concretos con los que trabajamos. Por ejemplo, alumnos, grupos parroquiales, jóvenes de áreas urbanas o rurales, jóvenes trabajadores, estudiantes universitarios; los que tienen una estrecha relación con la Iglesia, y los que tienen poca o ninguna; los que poseen medios económicos, y los que carecen de ellos.

181. Adoptamos un estilo pastoral sencillo y basado en la experiencia. Les presentamos modelos de vida cristiana que les permitan descubrir en sus propias vidas lo que significa ser cristiano hoy. Organizamos actividades especiales tales como seminarios, festivales, vigilias de oración, celebraciones religiosas, retiros, y peregrinaciones. Individualmente o en pequeños grupos les ayudamos a concretar sus ideales y convertirlos en objetivos adecuados a su edad y circunstancias.

182. A los jóvenes en edad escolar que han asumido ya un compromiso de vida cristiana, les invitamos a unirse a nosotros en nuestra pastoral, por ejemplo impartiendo catequesis a niños, como animadores de grupos juveniles, y otras actividades mediante las cuales puedan evangelizar a otros jóvenes.

183. Nuestra labor pastoral con los jóvenes adultos se centra en la maduración de su fe, expresada a través de su compromiso social y eclesial. Aparte de las actividades mencionadas, les proporcionamos acompañamiento personal para ayudarles a reflexionar sobre su experiencia de vida. Les iniciamos en la espiritualidad apostólica marista y en cómo vivirla dentro de su Iglesia Local. Les ofrecemos ámbitos de comunicación con otros jóvenes que contribuyan a sostener sus compromisos. Elaboramos con ellos planes integrados de formación permanente y dedicamos el tiempo suficiente para asegurar su realización.

184. Les animamos a participar en programas de voluntariado o de misión tanto en su país como en el extranjero, en zonas apartadas o deprimidas. Les brindamos la posibilidad de vivir durante un tiempo como miembros de una comunidad apostólica marista. Orientamos su vocación, incluyendo la opción de vida religiosa y sacerdotal.

185. Preparamos a los jóvenes creyentes para que sean líderes cristianos en la sociedad. Les acompañamos en su deseo de mostrarse sensibles y solidarios con los problemas de otros pueblos y otras culturas. Les ofrecemos la posibilidad de estudiar la doctrina social de la Iglesia.

186. Como animadores de la juventud estamos convencidos de que el mejor servicio que prestamos es el testimonio de la felicidad de nuestras vidas como ejemplo de lo que debe ser un cristiano comprometido en el mundo actual. Alimentamos nuestra propia espiritualidad a través de nuestra relación personal con Jesucristo con el fin de poder compartir mejor nuestra fe con los jóvenes.

187. Nos mantenemos actualizados en lo que se refiere a los avances en las materias religiosas, en las ciencias sociales y de la educación, y en la teoría y práctica de la pastoral juvenil. Nos preparamos convenientemente para la animación de grupos y nos formamos para la dirección espiritual y el acompañamiento personal.

188. Con los amigos y compañeros de apostolado compartimos nuestras experiencias, las penas y alegrías que conllevan, y cómo sentimos la presencia de Dios en nuestra labor. Igualmente procuramos ser objetivos al analizar la calidad de nuestro trabajo y en qué medida puede afectarnos personalmente.

189. Establecemos vínculos y tomamos parte activa en los organismos que coordinan la pastoral juvenil en el ámbito parroquial, diocesano y nacional.

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