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 Escuelas lugares de evangelización.

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MensajeTema: Escuelas lugares de evangelización.   Jue Jul 24, 2008 8:11 am

Vamos más allá en nuestro empeño por hacer de nuestras escuelas lugares de evangelización

144. Fieles a nuestra misión de evangelizar a través de la educación y con el fin de ayudar a los alumnos a armonizar fe, cultura y vida, buscamos maneras explícitas de alimentar su fe personal y su compromiso social.

145. En el centro de nuestros proyectos curriculares diseñamos un programa de educación religiosa comprehensivo, sistemático y acorde con las directrices de la Iglesia. Nuestro objetivo es que los alumnos se familiaricen con la historia de Jesús y con lo que significa hoy ser cristiano Donde lo veamos apropiado, organizamos la iniciación sacramental en colaboración con las parroquias.

146. En las clases de educación religiosa nos centramos no sólo en los contenidos sino también en los alumnos: “les hablamos y les dejamos hablar”, tratando de ayudarles a descubrir valores en los que fundamenten sus vidas. Más allá del aula proporcionamos a los alumnos otras oportunidades para que expresen su fe y maduren en ella. Organizamos retiros, grupos de oración y otras experiencias espirituales, abiertas a todos. Celebramos nuestra fe en los momentos especiales del año con actos litúrgicos cuidadosamente preparados, en los que se reúne la comunidad cristiana de padres, profesores y alumnos.

147. Prestamos atención al ambiente religioso del colegio en lo que respecta a imágenes, oraciones cotidianas, y espacios para lo sagrado. Tratamos de expresar nuestra visión cristiana de la humanidad, el mundo y Dios con el lenguaje de hoy y mediante símbolos actuales, especialmente a través de creaciones artísticas.

148. Para los jóvenes que desean seguir profundizando en su formación iniciamos movimientos apostólicos dentro de la escuela. Les acompañamos en su proceso de maduración progresiva, ayudándoles a crecer dentro del carácter distintivo del movimiento.

149. Para aquellos que deseen un mayor acercamiento a la espiritualidad marista, organizamos movimientos apostólicos maristas. Fieles a nuestra tradición, damos prioridad a la formación en la vida de oración, en un serio compromiso social y eclesial, y en una significativa experiencia comunitaria. Les presentamos a María y a Marcelino Champagnat como modelos de nuestro camino hacia Jesús.

150. Buscamos la integración de nuestra escuela en el plan pastoral de la Iglesia local. En aquellos países donde las escuelas católicas son la mayor referencia de Iglesia para muchos estudiantes y profesionales, asumimos las responsabilidades pastorales y misioneras que ello conlleva, animando a los católicos a unirse a la comunidad de su Iglesia local.

151. A la vez que compartimos la responsabilidad de desarrollar una vida de fe en la escuela, promovemos estructuras de animación pastoral para impulsar y coordinar nuestros esfuerzos. Además de desempeñar un papel activo en la educación religiosa y en las actividades pastorales, los que estamos más directamente comprometidos en este servicio pastoral buscamos un acercamiento personal a los alumnos y compañeros de trabajo. Asimismo, proporcionamos cualquier tipo de acompañamiento cuando sea requerido.

152. Educamos en la solidaridad, sobre todo acogiendo en la misma escuela a jóvenes de diferentes contextos sociales y religiosos, así como a alumnos desfavorecidos y marginados. Promovemos el diálogo y la tolerancia para ayudar a los alumnos a vivir de manera positiva esa diversidad cada vez más frecuente en nuestras obras. Creamos un clima de aceptación, de respeto mutuo y de ayuda, donde los fuertes apoyan a los débiles.

153. Educamos para la solidaridad presentándola como “la virtud cristiana de nuestro tiempo”, como un imperativo moral para toda la humanidad en el marco de la interdependencia universal actual y para transformar las “estructuras de pecado”. Incorporamos el reto de la solidaridad en nuestro currículum, así como la enseñanza de la doctrina social de la Iglesia en nuestras clases de religión y ética.

154. Promovemos la sensibilidad ante las necesidades materiales, culturales y espirituales de la humanidad. Comprometemos a nuestros alumnos en actividades caritativas que los pongan en contacto con situaciones cercanas de pobreza, y animamos a toda la comunidad educativa a concretar acciones de solidaridad.

155. Con nuestro trabajo en los centros de formación del profesorado además de facilitar cualificación profesional, tratamos de transmitir nuestra visión integral de la educación y de asegurar la debida preparación para la catequesis y la enseñanza de la religión. Acompañamos personalmente a estos jóvenes profesores en su aspiración de armonizar fe, cultura y vida, como corresponde a futuros educadores religiosos. Les animamos a ofrecer su servicio educativo, al menos durante un tiempo, en zonas necesitadas.

156. Nuestra presencia en el campo de la enseñanza superior nos proporciona un contexto idóneo para promover el diálogo entre fe y pensamiento actual. Nos proponemos metas elevadas de estudio e investigación, contribuimos al progreso social y cultural y ofrecemos una adecuada preparación, profesional y personal, para futuros líderes. A través de nuestra labor pastoral de acompañamiento ayudamos a los estudiantes a armonizar fe, ética personal, y sentido de la justicia social.

157. Invitamos a nuestros antiguos alumnos, especialmente los jóvenes, a participar en nuestras tareas pastorales y sociales, y a reflejar en sus vidas personales y en sus puestos de trabajo la formación que han recibido.

Nos empeñamos en la transformación de nuestras escuelas

158. Evitamos ser elitistas en cualquier sentido. Aseguramos que “los resultados académicos, la reputación o los ingresos jamás serán obstáculos para abrir nuestras escuelas a los menos dotados o desfavorecidos económicamente”. En las situaciones en que no existe ayuda oficial para el funcionamiento de las escuelas católicas hacemos a todos un llamamiento a la solidaridad para asegurar nuestra apertura a los más necesitados.

159. Para atender a las capacidades de los alumnos y responder a la realidad social cambiante, adaptamos el proyecto curricular de manera que incluya cursos de orientación para la inserción en el mundo profesional y laboral.

160. Abiertos a la colaboración con otros, establecemos nuevas escuelas, o cambiamos el emplazamiento de las anteriores, para servir a las familias de áreas empobrecidas y densamente pobladas y para atender a los jóvenes marginados de la sociedad. Somos igualmente emprendedores para organizar centros de formación ocupacional que satisfagan las aspiraciones de aquellos que buscan formación complementaria o están excluidos del sistema educativo.

161. Intentamos identificar lo antes posible a los alumnos que están “en situación de riesgo” para aplicar, con el consejo de sus familias, estrategias apropiadas de intervención. Para ellos y para los que tienen necesidades educativas especiales organizamos servicios especializados o establecemos escuelas alternativas.

162. Ante las circunstancias en que los estudiantes y sus familias sufren una explotación seria, adoptamos un estilo educativo basado en la comunidad, adaptado al medio social, orientado específicamente a ayudar a dichos jóvenes a que se conviertan en agentes activos de su propio progreso y de la transformación de la sociedad.

Todos estamos llamados a ser responsables

163. En calidad de educadores, estamos llamados a desempeñar funciones de responsabilidad en lo profesional y en lo pastoral. Participamos en programas orientados a adquirir competencia personal en esta tarea, tratando de buscar juntos los métodos y estrategias más adecuados para educar a la juventud de hoy, y profundizar en el conocimiento del carácter específico de la educación y la espiritualidad católica marista.

164. De manera especial, a los directivos de nuestras escuelas se les pide que sean personas con visión, que puedan proponer y testimoniar nuestros valores maristas y guiar a los demás para que vivan según ellos. Más que ningún otro, ellos son la figura de Champagnat en la comunidad escolar, animan y reflejan la espiritualidad apostólica marista con optimismo y confianza.

165. Desempeñamos un papel activo en los organismos de educación católica de nuestros países. Compartimos nuestra experiencia educativa y evangelizadora y aprendemos de la experiencia de otros. Juntos ayudamos a las autoridades de la Iglesia a mantenerse en contacto con la realidad de nuestra acción apostólica. A través de esas instancias intentamos contribuir al diseño y la práctica de las políticas educativas en el ámbito local y nacional.

166. En el quehacer diario, arduo y laborioso, de la vida escolar de hoy, tratamos de sembrar esperanza, y ser animadores de los jóvenes. Hacemos a todos, a los alumnos y a nosotros mismos, una llamada a la fe, a ser “criaturas nuevas”, con imaginación, capaces de comprometernos y de amar.

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